Estudios recientes han encontrado que los supermercados se han transformado en un actor dominante de los sistemas agroalimentarios de América Latina y el Caribe. En el año 2000, controlaban alrededor de la mitad del comercio minorista de alimentos en la región. Su participación es determinante en los mercados más grandes de la región (Brasil, México, Argentina), pero también en países más pequeños ( por ejemplo, Guatemala, Honduras, Nicaragua o Chile). Unas pocas cadenas de supermercados gigantes multinacionales controlan dos tercios o más del sector supermercadista en países como Guatemala, Costa Rica, El Salvador, México, Argentina, Colombia, Panamá y Honduras. Tres de cada 10 pesos gastados en alimentos por los mexicanos se gastan en la cadena estadounidense Wal-Mart; tres de cada 10 colones de los costarricenses en la cadena holandesa Ahold, tres de cada 10 pesos argentinos en alimentos se gastan en la cadena francesa Carrefour. El ritmo de crecimiento de los supermercados en nuestra región es tan veloz, que en solo una década han logrado niveles de participación en el mercado similares a los que en Estados Unidos demoraron 50 años en consolidar, pasando de alrededor de 10-20% del mercado nacional de alimentos en 1990 a 50-60% en 2000! los supermercados han pasado de ocupar un nicho chico en los barrios ricos en las áreas metropolitanas en los años 80s y antes, para hoy ocupar la posición privilegiada dentro del comercio minorista, hasta penetrar profundamente en los pueblos rurales y en los barrios pobres de las ciudades.
Estas grandes cadenas están consolidando sus sistemas de abastecimiento en productos alimentarios, a través de los cuales imponen requisitos en costos, volúmenes, normas y estándares privados, así como sus prácticas y condiciones de abastecimiento, al conjunto de los actores de las cadenas agroalimentarias (productores, comerciantes mayoristas e intermediarios, procesadores de alimentos). Las exigencias de los supermercados tienen profundas implicaciones en términos de cambios tecnológicos, organizacionales, de gestión, negociación y, por supuesto, de inversión, a lo largo de las cadenas agroalimentarias.
En definitiva, en América Latina y el Caribe, cada vez más cuando se habla de mejorar el acceso de los pequeños productores y agroempresas al mercado de alimentos, debemos pensar específicamente en las condiciones de su relación con un pequeño grupo de supermercados. En particular, ello es así si pensamos en el acceso a los mercados mas dinámicos.
En definitiva, en América Latina y el Caribe, cada vez más cuando se habla de mejorar el acceso de los pequeños productores y agroempresas al mercado de alimentos, debemos pensar específicamente en las condiciones de su relación con un pequeño grupo de supermercados, que determina sin duda los términos de la relación comercial